miércoles, 19 de septiembre de 2007

Cien volando

Gorrita tiene trece años. Trabaja como changarín en la puerta de un supermercado. Sostiene una mirada con ojeras curtidas. Su gorro dice The Angeles Lakers.
Cuando ríe le sobresale una mandíbula huesuda. Él labura, los chicos de su edad juegan. Los dedos parecen escarbadientes y el anillo baila en el dedo medio que usa para el Fuck You. Habla con la voz rota de un fumador de cincuenta y cada cinco palabras larga un escupitajo que aplasta como a una cucaracha.

—Ayer junté buena plata— le dijo a Juanchi (su amigo)
—¿Cuánta plata tenés?— preguntó Juan.
Gorrita sacó cuentas con tres dedos.
—Ahora unos quince pesos, más o menos —dijo y lanzó un escupitajo verde—.
Tomó un cigarro y golpeó el filtro contra el marco de la puerta, largó su primera bocanada.
Una mujer salió con dos bolsas en cada mano. De ruleros y el pelo tenido de rubio casi amarillo.

—Le ayudo, señora —dijo Gorrita—. La mujer contestó con una mueca. Gorrita interpretó la seña como un no.

—No hay caso— dijo Juan—: La gente habla cada vez menos.
— Sí. Pero ésta ni eso. Pedro habla más que esa vieja.
—Tu loro es un pelotudo que repite puras boludeces, parece un disco rayado.
—Ja, rayado…, rayado es lo que me vendió el Manco.
— ¿Qué pasó?
—No te conté.
—…
—¿Qué tenés ahí?—dijo Juan—. Gorrita sacó dos cajas amarillentas de preservativos Gentleman. Juan lo miró y le dijo: Para qué comprás si no cojes. Gorrita soltó una risa y echó la cabeza hacia atrás.
Se lo afané al novio de mi hermana cuando estaban en la pieza, yo escuché todo —dijo—. Juan arrojó carcajadas y la risa sonó hacia el fondo de sus tripas.

—Sos un hijo de puta —dijo Juan.
—No. Hijo de puta es el que está ahí.
—¿Quién? —exclamó Juan.
—Ése que vende CD truchos—dijo Gorrita—, le compré dos: uno se escucha para la mierda, se corta todo. El otro me tocó con temas repetidos. Pagué doce pesos y el forro se quedó con la plata. Me dijo: “la garantía está afuera”.

—Mirá a quién le compras, al manco ¡Ése es un garca!
—Sí. Y dice que perdió los brazos en la guerra. Para mí perdió los brazos por vender esos CD de mierda, seguro que le vendió a un carnicero.
— ja, ja, já.

Gorrito infló un preservativo y escribió con fibrón…
“Más vale pajero en mano que cien volando”.

— ¿Qué significa? —preguntó Juan.
—Qué sé yo. Mi abuela siempre sale con esa frase.
—Es pájaro —corrigió Juan—. Gorrita dudó por un momento. Rascó su cabeza y dijo: Pajero es un pájaro, ignorante.

ja, ja, já. Sí, claro —bromeó Juan— Un pájaro de África, y qué más.

— Por qué te reís si salió en Animal Planet— dijo —. Separó en silabas y gritó:
PA-JE-RO.
Es un pájaro que vive en África, infeliz —exclamó con bronca—. Y encaró a una mujer que salía del mercado.

La joven salió con un carrito repletó de electrodomésticos. “I love New York”, la remera mostraba un piercing junto al ombligo. El pantalón de jean ajustó la circulación de las venas. Gorrita plantó su cuerpo huesudo frente a ella.

—Disculpe señora ¿Quiere comprar un globo? —dijo en tono angelical—. Todo el dinero recaudado será destinado a la parroquia San Vicente.

La mujer le dice que cuánto cuesta. Gorrita le dice lo que usted quiera.
— Te dejo diez pesos— dijo—. Tomó el preservativo entre dientes y sacó el billete.

Juan quedó colorado y contuvo la risa. Algunas lágrimas caían sobre su cara mientras contemplaba la rapidez de su amigo. Gorrita quedó serio, firme. Como un soldado que espera la orden de un general.

— Acá tenés — dijo la mujer.

— Muchas gracias — dijo Gorrita—, y le guiñó el ojo a Juan

¡Ahí está!, misión cumplida, dijo. Juan lo miró entre risas, no podía creer cómo su amigo había engañado a esa mujer con palabras. Qué raro que no te dijo nada, le dijo Juan.

—No dijo nada porque ella sabe que pajero es un pájaro de África — corrigió—.
La frente en alto, orgulloso.

— ja, ja, já, no fue por eso, te decía por el forro.
— El único forro acá es el Manco — dijo—: Cuál es la diferencia entre el globo y el forro, si los dos están con aire nadie se da cuenta.

— Tomá los diez pesos. Comprá cuatro sángueches de miga, ah y trae un Marlboro Box.
Juan tomó el dinero y cruzó hacia el frente. Bueno, en realidad desapareció con la plata. Gorrita lo esperó durante más de tres horas, lo buscó por toda la cuadra y regresó al lugar de siempre: la puerta del supermercado. Cargó sus pulmones e infló otro preservativo. Escribió su epitafio…

“Más vale plata en mano que darle el dinero a un pajero”.

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